Hoy os comparto una serie de reflexiones de Vicente Luis García, publicadas en su blog de Periodista Digital en las que podéis encontrar un sereno análisis de la importancia de esta asignatura para la educación integral de los alumnos. A quienes os interese el tema, ¡buena lectura!

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Os dejo en buenas manos, con Vicente:

El PSOE planteará en su programa electoral expulsar definitivamente la asignatura de Religión del horario lectivo de los colegios públicos, concertados y privados. El objetivo del actual líder socialista, Pedro Sánchez, es «promover una escuela pública laica» donde no quepan las «enseñanzas confesionales».
Es decir, ni siquiera los colegios privados católicos podrán dar religión en las aulas y en horario escolar. Sólo podrán hacerlo en forma de actividad extraescolar, como explicaron fuentes socialistas, “igual que la danza española o las actividades deportivas infantiles”.

En la web del PSOE el punto 7 del acuerdo programático de este partido con la comunidad educativa dice:

7. RELIGIÓN Y EDUCACIÓN Defendemos una escuela pública laica como garantía de los valores públicos y respeto de las creencias privadas. La escuela debe integrar en su currículo la enseñanza de los valores públicos que consideramos la base de nuestra ciudadanía, y que, por ello, han de ser cursados por todo el alumnado. De ahí, que en nuestro modelo de escuela pública no quepa la integración, ni en el currículum ni en el horario escolar de enseñanzas confesionales. Para ello se promoverá las reformas del marco legal actual necesarias, así como de los acuerdos internacionales.

Posturas desde Cristianos para el Socialismo.
Carlos García Andoin, destacado miembro de las filas socialistas y uno de los referentes de la agrupación Cristianos para el Socialismo, escribió recientemente un artículo en el nº 261 de la Revista”Iglesia Viva” titulado: Enseñanzas de la religión en Europa. Recomendable su lectura (puede adquirirse en esta dirección: http://iviva.org/archivo/?num=261). Muy resumidamente García Andoin propone dejar de un lado nuestro pasado más casposo en el que se identifica el tema de la religión con el nacional catolicismo del antiguo régimen y empezar a mirar de frente al futuro teniendo como referente los modelos que otros países de nuestro entorno han adoptado a la hora de incluir la religión en sus respectivos sistemas educativos. Así nos ayuda a conocer el modelo multiconfesional que es el que se aplica en países como Alemania, Austria, Bélgica, Croacia, Dinamarca, Holanda, Italia, Bulgaria, Lituania y España; el modelo monoconfesional que se aplica en países como Grecia y Rumania, de religión ortodoxa, o como Polonia, Irlanda, Luxemburgo y Malta, de religión católica. Es el modelo que en España fue instaurado con la eliminación de la obligatoriedad de la religión en la transición democrática y luego se ha ido modificando; El tercero es el modelo laico francés “extraescolar” que, salvo en las regiones de Alsacia y Lorena, fue implantado por ley en 1892 y consolidado por la ley de Separación Estado-Iglesia de 1905. En el modelo francés la enseñanza de la religión no es cultural sino catequética y pastoral. Se permite su impartición en los edificios escolares, incluso con algún tipo de subvención, según los casos, pero la religión no forma parte del currículo. Por ello, es una actividad que se desarrolla en el horario extraescolar; Hay un cuarto modelo, la enseñanza cultural de la religión, establecido en los países nórdicos como Finlandia, Noruega y Suecia, también en el Reino Unido y Suiza. En éstos, la religión recibe un tratamiento equivalente desde el punto de vista científico al de otras materias del ámbito de las ciencias sociales y humanas. De ello, como explica García Andoin en este trabajo, se deducen tres consecuencias: 1) es obligatoria, 2) la aprobación del currículo corresponde a las autoridades educativas –contando con la colaboración de las autoridades religiosas respectivas– y 3) el estatus académico del profesor es equivalente al del resto de los profesores.

En este mismo artículo hace un muy interesante análisis del caso de Finlandia, que con su permiso transcribo literalmente: “Detengámonos en el caso de Finlandia, principalmente, por ver el lugar de la religión en el que es considerado y admirado como el mejor sistema educativo del mundo. El modelo educativo finlandés año tras año está a la cabeza en el ranking internacional arrojando los mejores resultados en los Informes PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes). Es un modelo basado en una red pública que escolariza el 95% del alumnado, con gran autonomía de los centros y con un profesorado no funcionario, muy motivado, que para acceder a la formación debe superar una nota de corte de acceso a la universidad de 9/10. El sistema está basado en una gran estabilidad en sus leyes educativas. La clave de su éxito se encuentra también en un concepto de la educación más basado en competencias que en contenidos y con un planteamiento progresivo adaptado al desarrollo evolutivo del alumno. La enseñanza religiosa en Finlandia es no confesional pero se da en conformidad con la concepción propia de un país de tradición luterana (80%). Es obligatoria en la educación básica (7-15/16) y en la secundaria (15/16-18/19). En la educación vocacional –aquí ciclos formativos– no hay instrucción en educación religiosa. La religión es considerada obligatoria porque sustenta el desarrollo tanto de la propia identidad y visión del mundo del niño como el diálogo intercultural. Además porque no es comprensible la propia sociedad y cultura del país sin conocer la historia y el pensamiento de la Iglesia Luterana. Los objetivos de la enseñanza religiosa son: familiarizar al alumno con su propia religión y con la tradición espiritual del país; introducirle en otras religiones; ayudarle a entender el significado cultural y humano de las religiones; educarle en la vida ética y ayudarle a entender la dimensión ética de la religión. (…) El profesor de educación religiosa no necesita ser miembro de una confesión religiosa, pero sí necesita obtener una cualificación universitaria específica, en grado de Master.”

El punto 7 de este trabajo me parece de obligada lectura para quien quiera sentarse a hablar en serio del futuro de la clase de religión en España. Y por último de las conclusiones que extrae Carlos García Andoin, personalmente me quedo con el siguiente párrafo: “La creciente implantación a escala europea de un modelo educativo basado en competencias, es una oportunidad para, desde la reivindicación de la inclusión de la competencia espiritual, innovar, de acuerdo con las nuevas demandas de los ciudadanos, la vieja asignatura de religión. Así pues, en lugar de atrincherarse en la defensa de un espacio en riesgo de guetificación, o de agitar la bandera de un laicismo excluyente y privatizador, es hora de situarnos proactivamente, dejar viejas batallas e ir a un nuevo pacto sobre el lugar de la religión en la escuela.”

Non solum sed etiam.

Alguien tendría que enseñar a nuestros políticos que la buena praxis política es la que mira al horizonte, piensa a futuro y no fundamenta sus decisiones en filias y fobias personales que es como parece gestionan nuestros políticos la res pública que les encomendamos.

Desde la libertad que nos concede este sistema democrático y de derecho me permito opinar sobre lo que considero un error de bulto que podemos pagar muy caro, mejor dicho, que pueden acabar pagando muy caro nuestros hijos y futuras generaciones.

Eliminar la asignatura de religión es, a mi juicio, privar a las futuras generaciones de la formación y el conocimiento de uno de los aspectos más transcendentes que ha ido unido al ser humano desde el principio de su existencia. Y no me refiero al Génesis sino al homo religiosus, aquel que se planteó por primera vez que lo que no alcanzaba a entender con la razón tendría que darle explicación desde el corazón y los sentimientos.

Puedo compartir con Pedro Sánchez el que la clase de religión no sea una catequesis y que ponga los medios para que así sea. Pero no puedo compartir que elimine una materia de formación humanística que puede ayudar a construir una sociedad más humana. Ya, ya sé que hemos incluido educación en valores y ciudadanía, que también según cómo se den han resultado proselitistas de diversas ideologías. Error tan grave como que la clase de religión sea catequesis. Revísese el programa de la asignatura de religión y consensuemos el diseño curricular de la misma, pero no la elimine. Que sea evaluable. No puede ser una “maría” una asignatura de tanta trascendencia.

Y puede que si Pedro Sanchez leyese este artículo “me preguntase”: ¿y en qué tendría que consistir esa asignatura de religión para que fuese respetuosa con un estado aconfesional y justificase su inclusión en la formación de las nuevas generaciones?

Pues, y sin detenerme a hacer un diseño, que expertos hay para ello, entiendo que la asignatura de religión tendría que empezar descubriendo la trascendencia que a lo largo de la historia el hecho religioso ha tenido para el ser humano. Me podría decir, eso se puede ver en una asignatura de Historia. No, porque no me refiero a hablar de los hallazgos arqueológicos que nos hablan de tradiciones y usos religiosos, me refiero a cómo condicionaba la vida de las personas el hecho religioso que luego expresaban y les llevaba a construir elementos para la magia, la devoción, o el fetichismo.

Habría que hablar de la ingente producción artística que el hecho religioso ha dado en todas las eras y culturas. Me podría decir, esto se puede ver en Arte o historia del arte. No, porque no me refiero a estilos, técnicas y autores, me refiero a la función cultual, mistérica, mágica o catequética que la mayoría de las producciones artísticas y arquitectónicas han ido teniendo a lo largo de los siglos, y eso es religión, no arte.

Habría que enseñar a distinguir entre el homo credentis y el homo religiosus por decirlo de manera divertida aunque en muchos momentos esto no ha tenido ni pizca de gracia. Me refiero a descubrir que creer o no creer es una opción personal e intransferible. Profesar una religión es una cuestión coyuntural relacionada con la cuestión de espacio y tiempo. Según dónde y cuándo viene uno al mundo está condicionado a conocer y pertenecer o rechazar pertenecer a un tipo u otro de religión. Me podría decir, pero esto se puede ver en sociología, en conocimiento del medio. No, porque de lo que hablo es de que los alumnos sean conscientes de en qué momento espacio-temporal les ha tocado vivir, que analicen el panorama religioso que les rodea, individual y colectivamente y que ello les ayude a saber cómo, irremediablemente ellos también están condicionados por el hecho religioso. Y eso no es simple sociología, eso es religión.

Habría que hablar de cómo las religiones han logrado sacar lo más sublime y lo más rastrero de la especie humana. Me podría decir, esto se puede ver en clase de Historia. No, porque no estoy hablando de un simple repaso a la memoria histórica susceptible también de interpretaciones interesadas. De lo que hablo es de hacer caer en la cuenta a las futuras generaciones de que los aciertos y los errores del pasado ellos los pueden reproducir, y eso es mucho más que una clase de Historia.

No nos engañemos, el analfabetismo en cultura religiosa puede traer como una de sus consecuencias la desprotección de la persona convirtiéndola en presa fácil para los fundamentalismos, y me da igual de qué signo y religión.

La propuesta que se ofrece desde las bases cristianas socialistas lograría no solo evitar el error de cargarse esta materia tan importante sino que la acabaría dignificando. Nadie está en condiciones de rechazar ni criticar lo que no conoce. Por lo tanto hasta a los ateos y agnósticos les tendría que interesar que se impartiese una muy digna y seria clase de religión en los centros escolares. Ello garantizaría la verdadera libre elección de creer o de no creer por un lado, y en segundo lugar a las confesiones religiosas les garantizaría calidad en sus fieles, porque el objetivo de esa asignatura, en sintonía con el verdadero objetivo de un sistema educativo, estaría en ir formando personas, buenas personas, con herramientas para saber y discernir, y para una vez tomadas libremente sus decisiones ser, como buenas personas, buenos ciudadanos coherentes con sus opciones, políticas, filosóficas y religiosas.

Y para terminar un apunte al texto de acuerdo programático del PSOE con la comunidad educativa en materia de la enseñanza de la religión. Me centro en esta frase: “La escuela debe integrar en su currículo la enseñanza de los valores públicos que consideramos la base de nuestra ciudadanía.”

Me preocupa la palabra “consideramos” y concretamente a quién se refiere ese plural: ¿es un “consideramos” que se refiere a la cúpula del PSOE?; ¿es un “consideramos” que se refiere al conjunto de la sociedad?
Si la respuesta es la primera, el PSOE ¿no estaría cayendo en un “paternalismo” propio de dictaduras, en un aquel “gobernar para el pueblo pero sin el pueblo”?; y si se refiere a la segunda acepción, le recordaría que en las estadísticas, de momento, hay una mayoría social que apuesta por la clase de religión, y dentro de los votantes del PSOE también es mayoría. Y, si fuésemos, entre todos, capaces de diseñar una verdadera clase de religión digna para una sociedad aconfesional, democrática y de derecho, la adhesión a una buena formación para nuestras futuras generaciones sería casi unánime.

Por lo tanto Señor Sanchez, escuche su voz interior, me refiero a los que en su partido llevan años dándole vueltas a este tema, hagan una propuesta seria, estudiada, serena, meditada, contrastada con las líneas que otros vecinos llevan años trabajando, y después preséntela en sociedad. Todavía tiene tiempo. Y al final, creo que cada día las personas son menos de derechas o de izquierdas y más de quien les convence tener dos dedos de frente para gestionar el futuro de este país, demuestre ser de esos y contará con muchos votos.