Un moribundo granadino le explicó una vez el sentido de la vida: vivirla. Él entonces tenía veintitantos, se estrenaba como especialista en cuidados paliativos, y no lo comprendió del todo. Tuvieron que pasar muchos años para que al fin lo hiciera. Años de formación en USA y Canadá y de gestión como Director General en el Servicio Extremeño de Salud. Cuando al fin entendió aquellas palabras, Emilio Herrera Molina (Sevilla, 1971) regresó a su ciudad para crear la NewHealth Foundation y promover el movimiento ‘Sevilla, Ciudad Compasiva’. Desde su oficina, que mira hacia el ocaso, lucha por un futuro con menos sufrimiento.

¿Qué es la NewHealth Foundation?
Somos una fundación sin ánimo de lucro que persigue demostrar, desde la más absoluta transparencia, que se puede y se debe luchar por el bien del sistema. En España, como en general en el mundo latino, o eres de la Administración o eres del sector privado. No tenemos cultura de organizaciones independientes que intenten unir las experiencias privadas con la institución pública, creando una colaboración por el bien de todos. Y eso es lo que nosotros pretendemos.

¿Cuál es su objetivo?
Mejorar la atención a las personas que padecen enfermedades avanzadas y, de forma especial, cuando están al final de la vida. Para ello tenemos tres programas; uno promueve el desarrollo de equipos de cuidados paliativos a nivel internacional; otro es un observatorio de buenas prácticas de integración sanitaria y social en España y, el tercero y fundamental, el desarrollo de la implicación de la sociedad en la atención a enfermos en situación terminal, que es precisamente el desarrollo del programa Ciudades Compasivas.

¿En qué consiste ese programa?
Ayudamos a desarrollar recursos de cuidados paliativos en el sistema de salud. Los pacientes al final de la vida no tienen la atención que necesitan. Si esto se hace bien, se consigue disminuir mucho los costes del sistema; algo muy necesario debido al progresivo envejecimiento de la población. Nuestra sociedad está sufriendo un tsunami de envejecimiento y enfermedades crónicas.

¿Cómo se financian?
Tenemos colaboraciones de Ong’s y algunas empresas, pero fundamentalmente desarrollamos proyectos de asesoramiento y, con una pequeña parte de lo que estamos consiguiendo ahorrar, financiamos nuestros proyectos. No tenemos un solo euro de beneficio. Lo único que hacemos es cubrir nuestra actividad.

¿Por qué desde Sevilla?
Reconozco que tenía mucho miedo de Sevilla. Tenía otras opciones y también me ha sido más fácil trabajar en otros sitios, por ejemplo en Colombia, donde se ha valorado mucho nuestra labor. Pero si tenemos la sede en Sevilla es porque somos de Sevilla. Desde aquí hemos trabajado organizando programas de Ciudades Compasivas en otros lugares del mundo, pero no aquí. Si hasta ahora no lo hemos hecho para Sevilla es porque teníamos mucho miedo a fracasar. No obstante, ahora vamos a empezar organizando el mes próximo el Congreso Nacional de Cuidados Paliativos, con más de mil quinientos participantes.

¿Cuál es la razón de ese miedo?
Sevilla se resiste al cambio. Tenemos muy instaurada la tendencia a seguir haciendo las cosas como venimos haciéndolas. Nosotros, sin embargo, hemos entendido que no se trata de pelear contra determinadas tendencias, sino de ayudar allí donde se necesite. Al hacerlo, se genera una corriente positiva que crea deseos de cambio. Nuestros programas están ya maduros y lo que hacemos, contrastado. Así que no teníamos más justificación para no intentarlo en nuestra ciudad. Vamos a aprovechar el próximo Congreso para mostrarle a la sociedad sevillana que el futuro de la vida no sólo atañe a los profesionales sanitarios y poner en marcha el proyecto Sevilla, Ciudad Compasiva.

¿Nuestra sociedad ha convertido a los mayores en un estorbo?
Estamos acostumbrados y orgullosos de cuidad a nuestros bebés, pero no hemos sabido integrar en nuestras vidas el cuidado a nuestros mayores, a pesar de que también lo necesitan al final de sus vidas. Deberíamos ser capaces de hacerlo, y además, con la misma sensación de realización que nos produce el cuidar a nuestros hijos. Nuestra sociedad ha cambiado mucho en los últimos cien años. En las zonas rurales todavía funciona ese círculo de apoyo familiar, pero en las urbanas vivimos muy solos.

¿Nos ha deshumanizado el progreso?
Nos ha hecho pensar más en nosotros mismos que en los demás.

¿A algo que provoca eso se le puede llamar progreso?
No podemos pretender ser una sociedad que avanza si damos la espalda a la ayuda a los demás.

¿Se enfocó bien la Ley de Dependencia?
Era una necesidad social y creo que fue un gran logro, pero también que su desarrollo no ha sido adecuado porque debería haber coordinando los sistemas sanitario y social. Si somos capaces de entender las necesidades de cuidados que tienen las personas con enfermedades crónicas, repartiremos mejor el gasto sanitario y social. Parte de la solución financiera del sistema sanitario está en la eficiencia del funcionamiento del sistema social.

¿Se hace un uso correcto de la sanidad gratuita?
Se debe hacer un mejor uso y creo que eso pasa por responsabilizarnos cada uno de nosotros, empezando por cambiar nuestros hábitos de vida, que generan enfermedades.

¿Qué tienen que ver los cuidados paliativos con la eutanasia?
Son radicalmente diferentes. Mientras los cuidados paliativos alivian el sufrimiento sin acortar ni posponer la vida, la eutanasia pretende aliviarlos acortándola. Otra importante diferencia es que, mientras los cuidados paliativos son un derecho, la eutanasia es un delito. Cuando la gente solicita la eutanasia no dice: ya no quiero seguir viviendo, lo que dice es: ya no quiero seguir viviendo… así. Se ha demostrado que cuando los cuidados paliativos se dan, las peticiones de eutanasia se hacen irrelevantes. No me gusta juzgar la moral de nadie, pero antes de autorizar la eutanasia, debemos mejorar los cuidados paliativos. Ofrecer la eutanasia como un servicio sanitario es un grave error.

¿Le tiene miedo a la muerte?
No. Me da mucho más miedo llegar el último momento con la conciencia de no haber sabido aprovechar la vida ni haber sido útil. También me da miedo sufrir en ese trance sin recibir medidas farmacológicas que me alivien.

¿El miedo entonces es a la muerte o al dolor?
Al sufrimiento y a la soledad. Tenemos miedo a morir sufriendo. Y también a lo desconocido. El que le tiene miedo a la muerte, le tiene también miedo a lo que hay después porque no sabemos qué hay.

¿Usted tiene alguna sospecha de lo que hay?
Cada uno tiene sus creencias. Yo soy creyente y tengo la esperanza de poder seguir contribuyendo después de la muerte.

Entrevista a Emilio Herrera, presidente de NewHealth Foundation y publicado en la edición sevillana de El Mundo el 2/05/2016 bajo el epígrafe “Sevillanos que cuentan”