Este viernes se celebra en Burgos una de sus fiestas más tradicionales, una que se remonta varios siglos atrás. Es una antesala a las fiestas mayores de la ciudad, para ir abriendo el apetito a los burgaleses y demás amantes de las tradiciones o de las fiestas sin más.

navas1La fiesta está relacionada con el Curpillos aunque su origen proviene de la famosa Batalla de Las Navas de Tolosa. Y es que la batalla tuvo grandes consecuencias no sólo a nivel histórico sino también simbólico y heráldico, tanto es así que las crónicas de la época la nombraban como “La Batalla”. Y la victoria se sigue celebrando sacando el pendón ganado a los almohades de procesión. Pero ¿Cómo se obtuvo el pendón?

La batalla reunió a ejércitos de los reinos cristianos de la península comandados por el rey castellano Alfonso VIII. Las tropas congregadas por los castellanos, peso fuerte del ejército reunido, estaban compuestas por 20 milicias de Concejos Castellanos, entre ellas las de Medina del Campo, Madrid, Soria, Almazán, Medinaceli y San Esteban de Gormaz. En total cerca de 50.000 hombres. Su abanderado Diego López II de Haro, quinto señor de Vizcaya, subió al puerto de la Losa acompañado por un tal Martín Halaja, un pastor del lugar que conocía bien el terreno y que les ayudó a sortear Sierra Morena por lugares seguros y posteriormente repartió el botín sin llevarse nada para su provecho, según las crónicas de la época, claro.

Además de los castellanos se aglutinaban bajos los estandartes castellanos, otros 20.000 hombres del reino de Navarra, el de Aragón y las ordenes militares del reino de Portugal, aunque estos últimos no tuvieron respaldo de su rey. Finalmente otros, posiblemente 30.000 cruzados venidos de más allá de los Pirineos, que acudían por la llamada de los obispos y del papa a la cruzada peninsular. Aunque la mayoría de estos cruzados ni siquiera entraron en combate debido a un gran número de deserciones que se produjeron por las normas del rey castellano Alfonso VIII como la de mantener un trato humanitario para con los musulmanes en el caso de que fueran vencidos y no llevar al último grado ni el pillaje ni los asesinatos y los malos tratos que se habían producido tras la toma de Malagón. Tan sólo 150 caballeros, del Languedoc, de los 30.000 cruzados, decidieron quedarse.

Es curioso resaltar que ni el rey portugués ni el leonés participaron en la batalla, e incluso este último aprovechó la ocasión para asediar dos castillos fronterizos castellanos. En cualquier caso algunos nobles leoneses se unieron a la campaña de las Navas.

El Califa almohade Muhammad An-Nasir (“Miramamolín” para los cristianos) había conseguido reunir la cifra de 120.000, según datos actuales. A parte de diversas tropas de elite de diferentes procedencias, el dato más interesante lo encontramos junto a la tienda principal del Califa en el campamento almohade. Y son precisamente estos datos los que son motivo de la fiesta burgalesa y de la heráldica Navarra.

Formando una línea defensiva en torno a la tienda del califa, se encontraba la Guardia Negra, integrada por soldados-esclavos fanáticos procedentes del Senegal. Grandes cadenas y estacas los mantenían anclados entre sí y al suelo, de tal manera que no les quedaba otra que luchar o morir. El día que se produce la batalla, las tropas musulmanas simulan una huida que hace que las tropas avancen, de repente los almohades vuelven sobre sus pasos y las tropas cristianas se ven sobrepasadas en número, lo que produce un efecto de temor que hace huir a las tropas. Viendo esto, los caballeros castellanos junto al rey castellano Alfonso VIII a la cabeza se lanzan a la lucha de primera línea. Los reyes de Aragón y de Navarra, se unen al mismo tiempo a este empuje atacando los flancos, lo que provoca un aumento del coraje de las tropas cristianas, consiguiendo la victoria aplastante de sus huestes.

La leyenda dice que el rey Navarro, Sancho VII “El Fuerte”, es quien rompe las cadenas de la última línea defensiva almohade, y es precisamente esta la razón de que aparezcan las cadenas en el escudo navarro.

Batalla-Navas-de-Tolosa.-Francisco-de-Paula-Van-Halen

El rey castellano por otro lado obtuvo el pendón de la batalla que se encontraba junto a la tienda del califa, algunos piensan que era la misma puerta de la tienda. En cualquier caso este pendón fue llevado al Real Monasterio de las Huelgas, que el mismo Alfonso había mandado construir años atrás con la intención de ser enterrado en él.

En agradecimiento a Dios por el éxito de la batalla, y en conmemoración por tan importante triunfo, el pueblo burgalés presidido por sus primeras autoridades militares, religiosas y civiles acostumbró desde tiempo inmemorial a exhibir y pasear tan valioso trofeo, acompañando la procesión del Santísimo. La cita anual quedó fijada para el viernes siguiente al Día del Corpus Christi. En esa fecha la primera autoridad existente en la Ciudad porta el llamado Pendón de las Navas, actualmente sustituido por una reproducción, para no dañar el original. Después de las celebraciones institucionales y religiosas los gigantillos, gigantones y danzantes ofrecen sus típicos bailes.

La fiesta de completa con una multitudinaria jira campestre en el parque de El Parral, el más antiguo de los parques de Burgos, situado entre el monasterio de Las Huelgas y el Hospital del Rey, fundación también de Alfonso VIII. La fuerza de la tradición obligó al Ayuntamiento a declarar el Curpillos en 1953, media jornada festiva y posteriormente que el día fuese enteramente festivo.

Con todos los ingredientes de la tradición ancestral y de la romería, con el bullicio de peñas, blusas, dulzaineros, grupos de danzas, charangas y sociedades recreativas, la degustación de los numerosos productos de la tierra y la participación masiva del pueblo burgalés, la fiesta está servida.