“La ambigüedad de los medios” Así titula Mosen Peio Sánchez  la entrada de su blog, alojado en la web periodistadigital.com, sus comentarios sobre el docureality de Mediaset. Después de haber visto los dos primeros capítulos y de haber leído varias críticas sobre el programa desde distintas perspectivas, creo que es la crítica más equilibrada que he leído, especialmente en sus conclusiones, por eso la comparto con vosotros en el blog. Además, Peio Sánchez es un experto en la comunicación del “Mensaje” en los medios, especialmente en el cine, y promotor de la Semana de Cine Espiritual. Os dejo en buenas manos:

ico.blogs.cineespirituEl docureality de Mediaset/Cuatro sobre la llamada a la vida religiosa femenina se mueve entre la ficción y la objetividad, la cursilería y la profundidad, la exhibición y la autenticidad, el espectáculo y la difícil intimidad ante una cámara. Entre los méritos del programa está la contención del guion que garantiza que las comunidades y religiosas se presten a la participación, así como colocar la vida religiosa en el paisaje de la vida normal venciendo estereotipos al uso. Entre los numerosos límites la presentación de la experiencia de Dios entre simplificaciones infantiloides, el desdibujamiento de Jesucristo como inspiración, una imagen de la mujer, y por tanto de la religiosa, sesgada hacia lo emotivo, aspecto que también afecta a lo comunitario, así como una banalización del compromiso de servicio hacia los otros.

Siguiendo la estela de “The Sisterhood: Becoming Nuns”, una serie de seis episodios realizada para la televisión de EEUU, la propuesta de Cuatro en prime time ha llegado a 1 390 000 espectadores (7,1%) en la primera entrega titulada “La llamada” y a 1 154 000 (6,2%) en la segunda parte bajo el título “El camino”, marcando una cierta tendencia a la baja. En el caso español las congregaciones que han participado son las hermanas del Santísimo Sacramento, de Santa María de Leuca y las Justinianas. Los productores han señalado que más que realizar un programa religioso han tratado de mostrar un mundo desconocido ante el público.

Desde el punto de vista de la vida religiosa femenina y, ante el drástico descenso de vocaciones, el programa pretende ofrecer esta forma de vida de manera atractiva y perfectamente normal. En este sentido late una intención vocacional en las protagonistas que se han prestado a dar razón de su vida.

El formato de docureality es un híbrido. Por una parte se presenta como un reality show que trata de hacer un espectáculo de la realidad reuniendo personas reales (no de ficción) en un mismo espacio físico para que interactuando atraigan a la audiencia (Gran Hermano, Supervivientes,…). Pero en realidad es un documental ficcionado que realiza un casting de tipologías en las candidatas a ser religiosas, que despliega un itinerario temático en los contenidos y experiencias de discernimiento en su viaje por tres comunidades distintas en Madrid, Alicante y Granada al mismo tiempo que ofrece testimonios reales de religiosas y del proceso de descubrimiento de las cinco jóvenes participantes.

El guión resulta respetuoso con la vida religiosa en un sentido general. El grupo de jóvenes buscadoras es significativo de una cierta tipología, aunque algunas de ellas quedan poco definidas como personajes, lo que dificultará el enganche de la audiencia a pesar del marketing que rodea al programa.

La dificultad principal de esta serie estriba en testimoniar la experiencia de Dios, como motivación central, a un público abierto que la desconoce. En primer lugar, la experiencia de discernimiento vocacional se despliega en un tiempo largo que en el formato de serie televisiva exige concentración. El lenguaje que se elabora resulta poco comunicativo ya que las fórmulas tipo “Jesús te llama” llegan a resultar ridículas si no alcanzan a describir la experiencia que está detrás. Además la oración resulta de lo menos televisivo ya que pretende hacer visible algo que acontece esencialmente de forma invisible. Películas-documental como “El gran silencio” (2004) de Philip Gröning lo lograron, pero esto exigió del espectador y del narrador un auténtico ejercicio de contemplación. Algo que la inmediatez del medio televisivo no puede soportar.

Por otra parte, los testimonios, en breves cortes, de las religiosas tienen dificultad para trasparentar las verdaderas motivaciones. Los lenguajes adquiridos resultan un arcano que no funciona comunicativamente. El tránsito entre lo auténtico y lo risible es demasiado corto para acertar en el tono, la palabra o la mirada. Las buenas intenciones y la genuinidad de la experiencia de base no garantizan la verdadera comunicación. Por otra parte, las comunidades que forman parte de la serie difícilmente expresan el tono general de la vida religiosa femenina actual. En este sentido la vida religiosa como disponibilidad a los otros y servicio a los más débiles queda francamente malparada. El documental posterior a la primera entrega resultó mucho más interesante y real que la ficción de la serie. La opción del Evangelio por los pobres como compromiso hacia las personas no se expresa significativamente repartiendo bocadillos. Y este punto crucial queda ciertamente desdibujada esta dimensión prioritaria.

A pesar de todo, en la serie late un cierto tono de normalidad. Las jóvenes protagonistas llegan a resultar creíbles. La música de fondo sintoniza bien con un público general. Sin embargo, el contexto de secularización de nuestra sociedad es bien diferente que el original de la serie en USA y en este sentido la traducción del guion-base ha sido más mimética que una verdadera adaptación al cambio de contexto.

El docureality “Quiero ser monja” no representa bien a la vida religiosa femenina actual y tampoco acierta a presentar la motivación y el camino de discernimiento que realiza una persona que se acerca a una comunidad. Pero coloca en el mapa al mundo religioso-cristiano para un público general. Al más afín le resultará entre interesante y controvertido, y el que se siente alejado de estos “mundos” poco aguantará ante la pantalla. En este momento de ocultamiento y falta de visibilidad, bastará con que de qué hablar para recordarnos que cabalgamos.